Mucha gente que está buscando empleo y lleva tiempo sin encontrar nada, se muestra dispuesta a “trabajar en cualquier cosa”, pero la realidad nos demuestra que no es así. Existen muchos empleos en los que cubrir una vacante resulta extremadamente complicado. Son trabajos bien pagados pero que, por unas cosas o por otras, nadie quiere realizar.
Bombero
Entre los trabajos bien pagados que nadie quiere está el de bombero, y eso que es una profesión muy bien considerada a nivel social. Para ser bombero hay que pasar exámenes a nivel teórico, pero lo peor son las pruebas físicas, que requieren de una cuidada preparación durante años. No basta con ser fuerte, hay que ser rápido, ágil, e incluso flexible. Esto explica que a las oposiciones para bomberos no se presenten, ni de lejos, tantos aspirantes como a cualesquiera otras.
Por otro lado, no podemos olvidar que se trata de un trabajo que lleva un gran riesgo asociado. Los bomberos trabajan en altura, entran en pozos si es necesario, acceden a edificios en llamas que podrían colapsar, están expuestos a sustancias tóxicas… la lista de riesgos laborales es tan alta que desanima a cualquiera.
Y a todo ello hay que sumarle que estos profesionales siempre llevan sobre sus hombros la gran responsabilidad de salvar la vida de personas que están en peligro. Hay que ser muy fuerte mentalmente para soportar esta presión, y no todo el mundo puede aguantar tanto estrés y es capaz de mantenerse con la cabeza fría en las situaciones más difíciles.
Minero

El trabajo en la mina ha mejorado mucho desde la segunda mitad del siglo pasado, pero continúa siendo un trabajo sometido a una gran penosidad y una gran cantidad de riesgos.
La labor diaria se lleva a cabo bajo tierra, y pasar tanto tiempo lejos de la luz solar puede provocar problemas como déficit de vitamina D, lo que se asocia con el desarrollo de determinadas enfermedades.
Además, por muy segura que sea la mina, siempre existe riesgo de derrumbes y de explosiones, y es habitual la exposición a sustancias tóxicas.
Por otro lado, el trabajo en la mina se asocia con la silicosis, una enfermedad de los pulmones que merma la capacidad respiratoria y acaba desembocando en una muerte por insuficiencia respiratoria.
Pescador
Muchas de las profesiones relacionadas con el mar son difíciles de cubrir. Las compañías suelen tener problemas para encontrar pilotos, maquinistas y tripulantes de buque, porque son trabajos que implican pasar mucho tiempo en el mar, lejos de casa. Por eso, aunque el salario puede llegar a ser bastante alto, los aspirantes a estos puestos no son demasiados.
Si cubrir el puesto de piloto en un buque es complicado, encontrar pescadores lo es todavía más. Porque se trata de un trabajo muy físico en el que se está sometido a una gran cantidad de riesgos. Además de tener que soportar grandes olas y tormentas, muchos barcos pescan zonas con temperaturas extremas.
Es un trabajo que puede afectar mucho a nivel psicológico, porque el pescador pasa mucho tiempo fuera de casa rodeado solo de sus compañeros, con los que pasa 24 horas en un espacio muy reducido. Además, incluso en su tiempo libre, el pescador sigue dentro de su espacio de trabajo.
Operario de planta petrolífera
La mayoría hemos visto en las películas esas grandes plataformas petrolíferas que están en mitad del mar. Aunque por fuera parecen tranquilas, por dentro bullen de actividad, porque hay un equipo de mujeres y hombres que se encargan de que todo funcionen debidamente. Son operarios y técnicos, pero también el personal que se encarga de labores auxiliares y necesarias como la limpieza o la cocina.
Trabajar una temporada en una de estas plataformas nos permitiría a cualquiera ganar dinero suficiente para vivir durante mucho tiempo sin preocupaciones económicas y, sin embargo, nadie quiere este trabajo, porque el entorno de trabajo es de lo más duro.
Se trata de un espacio cerrado y pequeño. En el caso del barco, por lo menos sabes que en algún momento vas a pisar tierra dentro del itinerario de navegación, pero en una plataforma petrolífera sabes que no vas a salir hasta que no acabe el tiempo de trabajo que hayas firmado, que pueden ser meses.
Además, estas estructuras están en mitad del mar, con todos los riesgos que esto supone: tormentas, accidentes con buques, etc.
Sexador de pollos
Clasificar a los pollos por sexo puede parecer fácil y hasta divertido, pero cuando tienes que dedicar entre ocho y diez horas cada día a revisar pollitos, la diversión se acaba. Además, para poder hacerlo bien hay que recibir una formación previa.
Lo peor de ser sexador de pollos es que hay que trabajar en una granja, y cada día pasan por tus manos miles de pollitos, así que el entorno laboral no está precisamente limpio y los hedores pueden convertirse en un problema.
Además, reconocer el sexo de los pollitos recién nacidos no es precisamente fácil, son tan pequeños que encontrar sus glándulas genitales requiere de mucha pericia, así que los trabajadores más nuevos pueden llegar a desesperarse.
Patólogo forense
Es lo que conocemos comúnmente como “forense”, el especialista médico que se encarga de determinar la causa de la muerte de una persona en aquellos casos en los que puedan existir dudas sobre la misma o si se ha producido una muerte violenta.
Es un trabajo bien pagado, pero solitario, porque el especialista trabaja directamente con los cadáveres y debe prestarles toda su atención para que no se le pase nada importante por alto. Además, no podemos obviar el hecho de que la morgue no es precisamente un sitio acogedor, resulta fría y aséptica.
Por otro lado, el médico estudia para salvar la vida de sus pacientes, o mejorar su calidad de vida todo lo posible, así que no son demasiados los que se interesan en trabajar directamente con los muertos, aunque su labor sea absolutamente fundamental para la ciencia forense y ayude a esclarecer los crímenes y a encontrar a los responsables de los mismos.
Tanatoestético
Las actividades vinculadas con la muerte son un campo seguro para buscar trabajo, porque se trata de un sector ajeno a todo tipo de crisis. Pase lo que pase en el mundo, la gente se va a seguir muriendo.
El tanatoestético es un maquillador especializado en dotar a los fallecidos de una buena imagen, reduciendo así el impacto que verlos podría causar en sus seres queridos. Dado que existe la costumbre de velar a los muertos con el ataúd abierto, es importante que la lividez asociada a la muerte se note lo menos posible.
Para ser tanatoestético hay que hacer un curso específico, y el salario suele ser más alto que el de un maquillador al estilo tradicional, pero no hay muchas personas dispuestas a trabajar en contacto directo con los muertos.
Siete profesiones en las que el paro es algo meramente anecdótico, pero cuyas vacantes resultan difíciles de cubrir porque son trabajos que no todo el mundo quiere hacer, a pesar de estar bien pagados. ¿Te atreverías tú con ellas?
